Ecosistema urbano
El ecosistema urbano
En una ciudad conviven animales y plantas, es decir, existe una biocenosis, y se produce una circulación de la materia y una necesidad de energía. Por ello podemos estudiar la ciudad como un ecosistema, pero artificial, ya que los productores, consumidores y descomponedores no desempeñan el mismo papel biológico que en los ecosistemas naturales, ni tampoco la circulación de la materia y la energía se realiza de la misma forma.
Biotopo del ecosistema urbano
Al igual que en los ecosistemas naturales, el biotopo está muy determinado por su latitud y situación geográfica, ya que de ellas dependen la cantidad de radiación solar, de lluvia, los vientos, etc., que una ciudad recibe a lo largo del año.
Pero, por encima de estas condiciones atmosféricas generales, todas las grandes ciudades tienen un microclima común que se caracteriza por unas temperaturas algo superiores a las que corresponderían a dichas condiciones. El calor emitido por el uso de combustibles fósiles y la rpesencia de edificios que impiden la circulación de los vientos originan que las ciudades sean auténticas islas de calor y trampas para la circulación de los contaminantes.
Biocenosis del ecosistema urbano
Aunque evidentemente está dominada por al especie humana, también son muy abundantes la fauna domésticas y una serie de especies que se han adaptado eficazmente al medio urbano.
La actividad humana crea nuevos hábitats y destruye otros antiguos. Por ejemplo, la presencia generalizada de calefacción permite a los chinches criar todo el año, las polillas no serían tan abundantes sin las alfombras y demás tejidos, los estorninos, palomas, vencejos y gorriones tienen más éxito en la ciudad que en el campo, y las cucarachas, insectos semitropicales, han sobrevivido en las ciudades durante siglos. Otros habitats nuevos y propicios son los desagües atascados de los tejados, las alcantarillas o los túneles del transporte urbano, como el metro.
Circulación de la materia en el ecosistema urbano
La ciudad es una gran consumidora de materia y depende de los ecosistemas naturales para sobrevivir. De ellos importa los alimentos y el agua necesarios para satisfacer las necesidades biológicas tanto de la población humana como de los productores (plantas domésticas o jardines) y consumidores (Caballos, perros, pájaros, …) que allí conviven. Asimismo, procedentes de canteras, minas o de las múltiples industrias, en las ciudades converge una enorme cantidad de materiales y productos manufacturados.
Pero en la ciudad la circulación de materia no es un ciclo cerrado, ya que los residuos no son devueltos al medio natural, o, lo que es más grave, muchos de ellos no son biodegradables, por lo que se acumulan cada vez en mayores cantidades y constituyen un grave problema ecológico.
El agua de lluvia recorre el asfalto y va directamente al alcantarillado, donde también se vierten las aguas residuales de las viviendas. Los residuos sólidos son los restos de alimentos y materiales no utilizados. Y la acumulación de gases procedentes del tráfico, calefacciones e industrias ocasiona contaminación atmósférica.
Circulación de energía en el ecosistema urbano
Además de la energía que proporcionan los alimentos, para el correcto funcionamiento de la ciudad es necesario importar grandes cantidades de energía, ya sea en forma de combustibles fósiles o transformada en energía eléctrica, que es la más utilizada.
Por ello, podemos deducir que el ecosistema urbano es enormemente dependiente del exterior, y se mantiene en equilibrio de forma artificial por los aportes continuos de materia y energía y por la recogida y eliminación de sus materiales de desecho.


Lo más leído